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El diagnóstico temprano del autismo mejora el futuro de las personas

  • 16 abr
  • 2 min de lectura



 

*Esta condición afecta la comunicación y socialización, pero cada caso es único y requiere atención personalizada

 

Pachuca de Soto, Hidalgo. – Reconocer las particularidades en el Trastorno del Espectro Autista (TEA) es crucial para realizar un diagnóstico oportuno y contribuir a la creación de entornos más empáticos e inclusivos, destacó Andrómeda Ivette Valencia Ortiz, jefa del Área de Psicología en el Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

Debido a que esta condición del neurodesarrollo afecta las áreas de comunicación y socialización, no es posible generalizar su manifestación, ya que, al tratarse de un espectro, la intensidad y frecuencia de sus características varían en cada individuo. A pesar de ello, la sociedad frecuentemente espera que todos los niños y niñas adquieran habilidades similares en edades específicas.

Si esto no ocurre, se genera presión y comparaciones en diversos entornos, como la escuela o la familia. Esta situación no es exclusiva de la infancia, sino que trasciende a otras etapas, como la juventud. Por ejemplo, un estudiante con autismo necesita estímulos y estrategias de aprendizaje distintas a las convencionales.

 

Es importante resaltar que el objetivo no es segregar por grupos o condiciones, sino identificar las singularidades de cada individuo, las cuales pueden convertirse en fortalezas. Además, la neurodiversidad debe usarse para armonizar los procesos de adaptación necesarios para quienes tienen perfiles sensoriales o cognitivos alternativos.

 

Por ello, resulta fundamental realizar un diagnóstico mediante la evaluación de un equipo multidisciplinario con especialistas en neurología y neuropsicología, a fin de valorar los estímulos del paciente, su crecimiento físico, sus movimientos y coordinación, así como sus procesos de pensamiento y aprendizaje.

 

Gracias al progreso en la investigación y la tecnología, se ha demostrado que las personas con TEA no carecen de habilidades, sino que procesan su entorno de una forma distinta. En consecuencia, este entendimiento permite crear espacios educativos más incluyentes, siempre y cuando se ajusten las estrategias para facilitar la asimilación del conocimiento y fomentar sus destrezas personales.

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